¿Qué sucede cuando te metes con el dios equivocado? Muy fácil: te cae un castigo divino, cósmico, bíblico y probablemente con intereses. Porque al parecer hay seres superiores que no saben aceptar una pequeña falta de respeto sin convertirla en el evento canónico de tu existencia.
¿Y mi pecado? ¿Qué hice para merecer semejante desgracia? ¿Profané un templo? ¿Robé una reliquia sagrada? ¿Insulté a los antepasados de una deidad ancestral?
No.
Me comí su ramen de edición limitada.
Sí, así como lo leen. El condenado ramen que, según parece, era más sagrado que mi propia vida. Una sopa con fideos, caldo y cuatro ingredientes que probablemente costaban tres monedas, pero que para ese dios representaban el pináculo de la creación culinaria. Y yo, humilde servidor del caos, decidí que se veía bastante bueno.
¿Me arrepiento?
Ni madres.
Podrán lanzarme rayos, maldecirme por siete generaciones, mandarme al rincón más miserable del inframundo o hacer que cada vez que tenga hambre solo encuentre una triste sopa instantánea sin sabor. Me da exactamente lo mismo.
Porque cuando vi ese ramen de edición limitada, no vi una ofrenda sagrada.
Vi comida gratis y encima buena.
Así que sí: me metí con el dios equivocado. Sí, recibí mi castigo. Y sí, probablemente volvería a hacerlo.
Porque hay decisiones que uno toma con la cabeza...
y luego está comerse el ramen prohibido sabiendo perfectamente que algo terrible iba a pasar.
Y la verdad, valió cada maldito fideo.
Seluruh Hak Cipta Dilindungi Undang-Undang