En 1860, el violento eco de la Guerra de Reforma en México destruye a la opulenta familia De la Vega. A sus veintitrés años, Eleanor Isabel María De la Vega Montero -a quien sus hermanos llaman Elena- se convierte en la protectora de sus cinco hermanos menores y una bebé de seis meses. Elena es una joven de impactante distinción: posee un rostro ovalado de piel clara con un sutil rubor cálido, grandes ojos almendrados de mirada intensa y expresiva, cejas perfectamente delineadas y arqueadas, una nariz fina y recta, y labios carnosos de tono rosado mate en una expresión serena. Su cabello negro intenso, largo y ondulado, cae en cascada sobre su espalda, creando un fuerte contraste con sus vestimentas claras. Este sello de belleza se hereda como un tierno reflejo en sus hermanitas (Catalina, Constanza, Isabel y la bebé Soledad), quienes ya comparten sus expresivos ojos almendrados y sus ondas azabache.
Para salvar a los niños, Elena huye hacia el territorio de Nevada en busca de la seguridad de La Ponderosa. Al llegar, presenta a Ben Cartwright una vieja carta que estipula su compromiso matrimonial con su hijo mayor, Adam Cartwright. A sus treinta años, Adam es un hombre lógico y reservado que viste siempre de negro, lo que genera un contraste visual inmediato con Elena. El rechazo al matrimonio es mutuo: ella lo hace estrictamente como un trato comercial para darles un apellido a los niños, y él aborrece que un papel dicte su destino.
Mientras Ben Cartwright se ríe a carcajadas al ver cómo estos dos protectores -igualmente tercos, orgullosos y analíticos- chocan por ser tan parecidos, la convivencia obligada en el rancho desata una inevitable tensión. Sin embargo, cuando el peligro político que destruyó el pasado de Elena cruza la frontera hacia Virginia City, la roca y la tormenta deberán dejar a un lado su guerra de orgullo y unirse para salvar a la familia.
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