Un café antes de enamorarnos
Mirren Hernández no está buscando enamorarse.
A sus veintiún años, está demasiado ocupada intentando construir su propia vida: trabaja en una cafetería, ayuda a sus padres, persigue su sueño de convertirse en escritora y trata de descubrir qué quiere realmente para su futuro.
Entonces aparece él.
Todos los días, exactamente a las 8:15 de la mañana, el mismo chico entra por la puerta de la cafetería. Pide un latte de vainilla caliente, sin canela y con poca espuma, se sienta junto a la ventana y trabaja con su computadora.
Al principio, Jose Martínez no es más que un cliente habitual.
Después se convierte en un conocido.
Luego en un amigo.
Y, sin que ninguno de los dos se dé cuenta, en la persona a la que ambos comienzan a buscar incluso cuando no están en la cafetería.
Entre cafés, conversaciones después del cierre, mensajes de buenas noches y secretos que nunca habían compartido con nadie, Mirren y Jose empiezan a construir algo que ninguno de los dos esperaba encontrar.
Pero ambos conocen demasiado bien lo que significa confiar en alguien y terminar herido.
Ella dejó de creer que el amor podía ser para ella.
Él aprendió a no entregar fácilmente su corazón.
Quizás enamorarse nunca fue el problema.
Quizás el verdadero desafío será descubrir si pueden volver a confiar lo suficiente como para dejar que alguien entre en sus vidas.
Porque algunas historias de amor no comienzan con un beso.
Algunas comienzan con un café.
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