Cata esperaba pasar unos días tranquilos en la casa de sus padres. Dormir hasta tarde, tomar sol y disfrutar del verano sin que nadie le rompiera demasiado las pelotas. Lo que no esperaba era encontrarse la casa invadida por varios jugadores de la Selección Argentina.
Mucho menos esperaba que entre ellos estuviera Enzo Fernández.
Para Cata, hacerlo perder la paciencia se convierte rápidamente en su entretenimiento favorito. Para Enzo, ignorar a la hermana menor de Lisandro parece la decisión más inteligente, especialmente después de que su amigo le advierte que tenga cuidado con ella porque es un verdadero desastre.
Pero entre tardes al sol, bromas, miradas que duran más de lo necesario y una convivencia que empieza a desdibujar todos los límites, mantenerse alejados se vuelve cada vez más difícil.
Porque a veces, cuando las cámaras se apagan, la gente deja de gritar sus nombres y el mundo finalmente queda en silencio, aparece alguien capaz de cambiarlo todo.
Justo ahí, donde termina el ruido.
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