Juli siempre supo que enamorarse de Pau Cubarsí era una mala idea.
Él era su amigo. El chico que había conocido gracias a Gavi, el que poco a poco se convirtió en una presencia constante en su vida y, sin darse cuenta, en alguien demasiado importante. Pero cuando la atracción entre ambos se volvió imposible de ignorar, hicieron un trato: nada de sentimientos, nada de preguntas y, sobre todo, nada de llamarlo una relación.
Solo amigos con derecho.
El problema es que Juli nunca fue buena fingiendo que no sentía.
Para Pau, mantener las distancias parecía sencillo. Podía besarla sin prometerle nada, buscarla cuando la necesitaba y marcharse antes de que aquello significara demasiado. Había construido una coraza alrededor de sí mismo y estaba decidido a no dejar que Juli la atravesara.
O eso quería creer.
Porque mientras Juli comienza a enamorarse cada vez más, Pau empieza a descubrir que quizá ella ya no es solo la chica con la que comparte noches, secretos y besos.
Y que algunas personas pueden convertirse en vértigo mucho antes de que uno tenga el valor de admitir que está cayendo.
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