En los años ochenta, el mérito sin apellido no abría puertas en la alta sociedad; solo la opulencia garantizaba el respeto. Marginado y humillado por las élites comerciales, Augusto Valenzuela comprende una verdad amarga: cuando el mundo rinde pleitesía a las apariencias, la deuda administrada con frialdad no es una ruina, sino la más poderosa de las armas.
Decidido a edificar una leyenda sobre el abismo, Augusto recurre a usureros, trajes de lino a la medida y pagarés a plazo para fabricar la firma Valenzuela & Asociados. Sin embargo, sostener una comedia de lujos frente a hombres de poder requiere un flujo constante de capital real. Es en los noventa, bajo la efervescencia de la fiebre internacional del tabaco, donde encuentra la coyuntura perfecta para su golpe maestro.
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