- No hay nadie como vos - le dijo, porque de verdad lo creía, el problema fue que después la vida los trató como si todos fueran mejor que ellos.
Emiliano jugaba en Independiente y Camila era su amiga de Mar del Plata, donde pasaba los veranos en la casa de sus abuelos. Compartían un grupo de amigos, chiquillada que se encontraba en sus dieciséis, noches de rancheo y esa libertad despreocupada de la adolescencia, donde no sabes que es realmente una preocupación. Entre ellos hubo un primer roce de verano, una atracción que ninguno terminó de nombrar antes de que Emiliano partiera rumbo a Inglaterra para perseguir su futuro. Camila, encontró su camino de este lado del sur del Mundo, menos frío y mucho más colorido.
La distancia no logró romper el vínculo. Siempre encontraron alguna excusa para seguir en contacto, sosteniendo una amistad atravesada por recuerdos, complicidades y aquello que quedó pendiente entre los dos tanto tiempo. Años después, la vida, ahora adulta, vuelve a cruzarlos. Ya no son los adolescentes de aquellos veranos, y lo que alguna vez pudieron dejar pasar empieza a resultar imposible de ignorar, así como el calor del sur. Porque quizás la amistad nunca fue solamente amistad, esta vez la cercanía amenaza con hacer que todo se salga de control, como en ese verano del 2008.
(+18)
No se permite adaptación ni copia.
Todos los derechos reservados
Todos los derechos reservados