Jimin y Jungkook se conocieron cuando tenían ocho años.
Uno tenía el talento que nadie podía enseñarle. El otro, la disciplina que su familia esperaba convertir en perfección. Eran diferentes en todo, excepto en una cosa: cuando se sentaban frente al mismo piano, parecían entenderse sin necesidad de hablar.
Hasta que la vida los obligó a separarse.
Ocho años después, Jimin ha dejado atrás la música para sobrevivir, mientras Jungkook se ha convertido en el pianista que todos esperaban que fuer, aunque ya no recuerde por qué alguna vez quiso tocar.
Entonces vuelven a encontrarse.
Basta una melodía para descubrir que hay cosas que el tiempo no consigue borrar, porque algunas personas se convierten en recuerdos mientras que otras siguen siendo la música que tu corazón reconoce incluso después de haber olvidado cómo escucharla.
Cuatro manos. Dos historias. Una melodía que nunca terminó.
Inspirada en la historia de Netflix
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