Lo di todo, y tú nunca lo supiste.
Hay amores que no se comparten: solo se llevan dentro, en silencio, día tras día. Este es el mío.
Despertar con su nombre en la punta de la lengua, aprender cada detalle de su vida como si fuera mi propia historia, estar ahí cuando nadie más lo estaba... y sin embargo, nunca ser la primera opción. Nunca la que él busca antes de que yo lo busque a él. Nunca la que ilumina su mirada de la misma forma que él ilumina la mía.
No me hizo daño. Fue peor: no me vio más allá de la amistad. No supo que yo le entregué lo más puro y valioso que tengo, ni que no volveré a darlo así a nadie más.
Y lo más duro no es que no me quiera. Lo más duro es que nadie tiene la culpa. El corazón no responde a súplicas, ni a todo el amor que uno le entrega. A veces, simplemente, el sentimiento no es recíproco.
Esta es la historia de un amor que creció solo en mis ojos, en mis palabras, en mis sueños. De lo que duele amar sin serlo. Y de como espero que algún día, que en su mirada también exista amor.
All Rights Reserved