La misma noche. El mismo bosque. La misma mordida. Dos destinos completamente diferentes.
Sarah McCall siempre creyó que conocía Beacon Hills. Sus bosques, sus senderos y, sobre todo, cada mala idea que podía surgir cuando Scott y Stiles pasaban demasiado tiempo juntos.
Hasta que una de ellas termina con los mellizos McCall huyendo por sus vidas y con las marcas de una criatura imposible clavadas en la piel.
A la mañana siguiente, la mordida de Scott está desapareciendo.
La de Sarah no.
Mientras su hermano se vuelve más fuerte, más rápido y comienza a descubrir que las historias sobre hombres lobo quizá no sean solamente historias, el cuerpo de Sarah parece estar rechazando la mordida. Fiebre, dolor y una herida que se niega a cerrar hacen pensar que algo salió mal.
Pero hay un problema.
La mordida nunca tuvo que convertirla en nada. Solo tuvo que despertar lo que ya estaba allí.
Ahora, mientras Beacon Hills se llena de cadáveres, cazadores, secretos familiares y criaturas que no deberían existir, Sarah tendrá que descubrir qué se esconde en su propia sangre sin perderse a sí misma en el proceso.
Y luego está Stiles Stilinski.
Su mejor amigo desde que tiene memoria. El chico que entra a su casa sin tocar, sabe cuándo está mintiendo y recuerda hasta las cosas que ella misma olvida. También el chico que lleva años perdidamente enamorado de Lydia Martin.
Al menos, eso es lo que Sarah siempre ha creído.
Porque en Beacon Hills, los monstruos no son lo único que puede permanecer oculto durante años.
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