Rita Navarrete no siente nada. Desde los nueve años aprendió a estudiar a las personas para imitar sus emociones: sonríe cuando corresponde, se indigna cuando toca y dice «te quiero» con la entonación adecuada. Es perfectamente funcional. Solo que por dentro no hay nadie en casa.
La única excepción era Ámbar, su mejor amiga. Cuando Ámbar muere por la negligencia de una empresa, Rita decide que su vida, sin ella como espectadora, ya no tiene sentido. Se despide a lo grande y muere riéndose de verdad por primera vez en años.
Pero despierta en el cuerpo de Celestine Aubain, la protagonista de La Rosa del Emperador, la novela histórica que ambas se burlaban de ver.
Y hay un problema: aquí Rita puede sentir.
Vergüenza, nostalgia, miedo, celos... emociones que lleva veintiséis años estudiando desde fuera y que ahora es incapaz de reconocer en sí misma.
Peor aún, la historia tiene un Guion. Si Rita altera demasiado los acontecimientos, una misteriosa voz narradora se encarga de recordarle las reglas.
Mientras intenta sobrevivir a una academia llena de intrigas, pretendientes y abusadoras, Rita descubre que la historia tampoco es exactamente como la recuerda.
Y cuando una compañera de clase se ríe igual que Ámbar, algo dentro de ella despierta.
Por primera vez, Rita tendrá que resolver el misterio que nunca pudo estudiar desde fuera:
¿qué se hace con un corazón que por fin siente, cuando nadie te dejó un manual de instrucciones?
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