Heeseung estaba completamente obsesionado con Jake. No se conformaba con admirarlo desde lejos; necesitaba saberlo todo sobre él. Conocía sus rutinas diarias, sus comidas favoritas, las películas que veía una y otra vez, los lugares que frecuentaba e incluso los pequeños hábitos que Jake ni siquiera notaba de sí mismo. Para Heeseung, Jake se había convertido en el centro de su mundo. Por eso lo llamaba todos los días. A veces solo para escuchar su voz. Otras veces para recordarle que siempre estaba ahí, observándolo desde las sombras. Y mientras la obsesión crecía, también lo hacía su deseo de tenerlo solo para él.
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