Jude Bellingham solo esperaba sobrevivir a su último año de ingeniería, terminar su tesis y cumplir con las horas de un taller que, en principio, no tenía nada que ver con su carrera.
Hasta que llegó Erling Haaland.
Un profesor de otra universidad, demasiado joven, demasiado interesante y con una manera de mirar que hacía difícil recordar que, antes que cualquier otra cosa, era su profesor.
Entre conversaciones que iban mucho más allá del aula, debates que se volvían demasiado personales y un café que ambos parecían deberse desde el primer día, Jude descubriría que algunas conexiones aparecen justo donde deberían existir límites.
Porque entre un profesor y su alumno hay cosas que no deberían confundirse. Y, sin embargo, algunas miradas hacen que olvidarlo sea demasiado fácil.
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