Liko estaba exhausta. Tras abandonar la academia y acumular una derrota tras otra, la joven finalmente aceptó una verdad amarga: no poseía el talento ni la fuerza para ser una entrenadora Pokémon. Sentada en la soledad de las ruinas de una ciudad que parecía ignorar su dolor, se sumió en una profunda reflexión sobre su vida. En medio de esa apatía, un recuerdo distante resonó en su mente: la extraña y envolvente sensación de placer que sintió la vez que fue controlada por un Pokémon tipo psíquico. Anhelaba volver a experimentar esa sumisión y evasión de la realidad, pero esta vez deseaba controlarlo ella misma, encontrar una vía de escape definitiva.
Fue entonces cuando una entidad de energía desconocida, tan vibrante y abrumadora como la fuerza psíquica de su pasado, emergió del entorno y la envolvió por completo. A diferencia de un dominio mental común, esta energía no anuló su voluntad: la imbuyó con un libre albedrío desbocado y un poder desmedido.
En cuestión de segundos, la perspectiva de Liko cambió radicalmente mientras su cuerpo se expandía a escalas monumentales. El crecimiento vino acompañado de una euforia adictiva, la sensación física más intensa y placentera de toda su vida. Al contemplar la ciudad a sus pies como un puñado de juguetes frágiles, Liko comprendió que jamás estuvo destinada a encajar en un mundo de combates monótonos y reglas estrictas. Su verdadera vocación no era entrenar, sino dominar. Convertida en una colosal fuerza de la naturaleza, la joven inicia un juego destructivo y despiadado que comenzará aplastando las calles que la vieron fracasar, dispuesta a rehacer la geografía del planeta entero bajo su marcha gigantesca.
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