Hay historias de amor que terminan.
Y hay otras que simplemente toman un pequeño desvío.
A los dieciocho años, Jordan Carrillo y Diego Campillo eran dos jóvenes futbolistas que se enamoraron entre partidos, concentraciones, mensajes a deshoras y citas robadas cada vez que sus equipos coincidían en alguna ciudad.
Eran jóvenes, estaban enamorados y creían que tenían toda la vida por delante.
Hasta que algo cambió entre ellos.
Ocho años después, Jordan ha construido una vida completamente distinta. Tiene veintiséis años, un buen trabajo, una casa en Torreón y un hijo de ocho años llamado Gerson, un niño alegre, cariñoso y con un talento para el fútbol que parece llevarlo en la sangre.
Por una nueva oportunidad laboral, Jordan y Gerson terminan mudándose a Guadalajara.
Nueva ciudad.
Nueva escuela.
Nuevo equipo.
Gerson comienza a entrenar en las fuerzas básicas de Chivas y rápidamente hace nuevos amigos. Entre ellos, un niño que le cuenta que sus padres también juegan en el club y que incluso tiene al Chicharito como padrino.
Todo parece una nueva aventura.
Hasta que Gerson conoce al capitán del primer equipo.
Diego.
Al principio solo es un encuentro casual entre un futbolista y un niño que lo admira.
Pero hay algo en Gerson que hace que Diego se detenga un segundo más de lo normal.
Una coincidencia.
Una pregunta.
Un nombre.
Y, poco a poco, una verdad que alguien lleva ocho años intentando mantener escondida.
Porque hay secretos que pueden mantenerse enterrados durante mucho tiempo.
Pero cuando el pasado aparece corriendo por una cancha de fútbol, quizá ya no exista manera de esconderlo.
Y cuando la verdad salga a la luz, Jordan y Diego tendrán que decidir qué hacer con un vínculo que ninguno de los dos sabía que todavía existía.
Aunque quizá el verdadero problema sea otro:
¿Qué pasa cuando dos personas que creían haber dejado de amarse descubren que nunca terminaron de hacerlo?
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