HÉTERO FLEXIBLE
Los mingitorios no tenían división, así que de reojo podías ver lo que ocurría entre las piernas del otro. Tragué algo de saliva, por alguna razón sentí algo de morbo cuando me respondió de esa manera; mi ojos se percataron de lo grande que era su pene; apenas y se notaba entre sombras, pero aquel pedazo de carne sobresalía entre sus manos, su tamaño no era nada discreto. Y el chorro de orina que expulsaba tampoco. Se dio cuenta que lo miré, no dudó en intimidarme más.
-¿Te gusta?-Preguntó. Quité la mirada de su polla, mi corazón comenzó a latir como nunca, quería salir corriendo de ahí. Mi torpeza conjugada con mi curiosidad no me dejó hacerlo; incluso cuando había acabado de orinar me quedé ahí postrado esperando ver qué ocurriría, me sacudía el pene fingiendo que aún no acababa. Entonces su mano se introdujo en mi espacio, tomó de mi verga y comenzó a darle un masaje. Lancé un suspiro al aire y cerré los ojos.