No es la típica historia de la mujer feliz ni la mujer suicida. Candie odia a ambos tipos de persona. Pero siendo la esperanza de un cambio de vida totalmente ajeno a la suya, se topa con un acontecimiento muy peculiar: ¿de quién pertenecerán esas manos que parecen hablar más que su dueño?
Quizá fue su comportamiento inusual ante un secuestro, o su mirada inexpresiva con un toque tan adictivo como misterioso, pero algo hizo que ellos confiaran en Blake a la hora de llevar a cabo la misión más importante de sus vidas, o por lo menos unos más que otros, y lo que comenzó con una serie de coincidencias atropelladas convertiría a Blake en la pieza fundamental que necesitaban.