La Caída No Siempre Empieza Desde Lo Alto
Hay cosas que no deberían brillar.
Como el filo de un cuchillo.
Como la sangre recién derramada.
Como unos ojos violetas en un cuerpo demasiado perfecto para esta ciudad rota.
Lo vi por primera vez una noche en que la lluvia parecía querer disolver el mundo.
Estaba detrás de la barra, con las manos manchadas de azúcar, hielo y cortes pequeños.
Reía.
Servía.
Respiraba como si aún creyera que el aire no estaba envenenado.
Estúpido.
Hermoso.
Eterno, aunque no lo supiera.
Los demás lo miraban como a un objeto.
Como a un cuerpo que se puede comprar, arrastrar, romper.
Yo no.
Yo lo miré como a un error.
Porque Ael Bianchi no debió existir.
Porque nadie como él sobrevive mucho tiempo sin ensuciarse.
Y porque yo, que no conozco la compasión ni la misericordia...
quise tenerlo.
Y eso...
fue el principio del final para ambos.
Porque si los ángeles bajan del cielo para salvarlo,
yo arrastraré al cielo mismo al infierno si hace falta.
Y cuando él caiga...
que caiga en mis brazos.