La última noche del año

La última noche del año

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WpMetadataNoticeLast published Sat, Jun 19, 2021
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Fiction
Romance
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Una noche fría y húmeda, como muchas en este mes de diciembre. Vestidos cortos mas de lo debido, corbatas, algunos labios rojos, lociones un poco fuertes y el sonido de los tacones resonando, hacen que finalmente se de inicio a la ultima fiesta del año. Un reencuentro planificado desde años atrás, anillos añorados, amores prohibidos, embarazos no deseados, trabajos mal remunerados, sueños no alcanzados y algunos cigarros escondidos. Un grupo que alguna vez fue adolecente, llenos de esperanzas y libertades, colmados de amores y desamores, repletos de sueños y aspiraciones, abundados de desgracias y infidelidades; y sobre todo de historias por contar. Un solo suceso los volvió a unir, la muerte de su tutor, su instructor, su único maestro, su amado profesor, el estricto educador, su fiel amigo, el alegre mentor y para algunos un papá; un hombre como aquel no se ven muy a menudo, pero su paso por la tierra siempre es muy corto. Hace cuatro meses dieron su ultimo adiós, una despedida para algunos dolorosa y lamentable, menos para la vecina de aquel hombre, que odiaba que su amado jardín, sobretodo sus retoños de rosas, fueran regados por la orina de ese gran feo perro del vecino calvo. Después de la inesperada reunión, en aquel gran cementerio, decidieron anotar en sus calendarios aquella reunión, no se puede decir que todos estuvieran de acuerdo, simplemente fue unos de sus últimos deseos que su amado maestro dejo claramente especificado en su testamento. Claro esta, que ese viejo cascarrabias planifico todo, la cena en el hotel, dejando cartas para este grupo de estudiantes que tanto cariño y canas le adjudicaron. Y así tres grandes mesas serán unidas, esperando esos dieciocho culos de graduados que darán calor a las sillas. A las 8:00 en punto es la cita acordada, temida por unos, amada por otros y otros les da igual. Solo queda rezar un poco, para que no hallan muertos en ese hotel, la última noche del año. Publicada 1 de jul del
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Cuando el mundo se detuvo, fue como si el tiempo también olvidara moverse. Las calles quedaron mudas, los calendarios dejaron de importar, y la rutina, esa vieja y ruidosa compañera, fue reemplazada por un silencio espeso. No sabíamos si llorar por el caos o agradecer por la pausa. Fue entonces cuando muchas vidas colapsaron... y otras, inesperadamente, comenzaron. Ahí, entre días idénticos y noches insomnes, nacieron espacios nuevos. Espacios para mirar hacia dentro, para descubrir lo que no habíamos tenido tiempo de sentir. Algunos encontraron refugio en libros, otros en la cocina, otros en conversaciones que jamás habrían sucedido si el mundo no se hubiera derrumbado. Fue así como se conocieron X e Y, lanzando fichas sobre un tablero virtual, intentando distraer al destino... sin saber que ya estaban siendo jugados por él. Uno de ellos ostentaba el título de presidente -no de una nación, sino de sus propias convicciones. Firme, exigente, de ideas estructuradas como discursos bien escritos. El otro, en cambio, parecía improvisar la vida como si fuera una melodía en constante cambio, con la risa a flor de piel y el alma encendida por el arte. El tablero de parchís fue la excusa. Lo demás... simplemente pasó. Una mirada imaginada, una frase cruzada, una canción compartida que decía más de lo que el corazón podía soportar en voz alta. Y sin darse cuenta, el encierro no los apartó del mundo. Los encerró juntos, en otro mundo más íntimo. Más honesto. Más peligroso. Porque no siempre lo que está bien es lo que se siente bien. Porque las emociones, cuando no caben en la razón, buscan salir por otras grietas: los gestos, las risas, los silencios, los recuerdos. Esta no es una historia común. No lleva etiquetas ni necesita pronombres definidos. Es la historia de una conexión que nació del caos, que creció entre dilemas, y que aún hoy arde -como un susurro que no se olvida- en la memoria de quienes se atrevieron a jugar.

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