Internado en una misteriosa clínica de Milán, creyéndose condenado para siempre, acaso tan víctima de engaños y conjuras como realmente afectado por disturbios nerviosos y dominado por evidentes obsesiones suicidas, el personaje de ''Hermana H., libera nos'' se sustrae a todo contacto con el mundo exterior y rehúsa comunicarse con médicos y enfermeras; confía la afirmación de su propia identidad, el progresivo redescubrimiento de aquello que lo circunda, su necesidad de establecer límites, a un diario escrito en lenguaje cifrado (el "clinicense") ; y finalmente, logra manifestar, gracias a la misma neurosis, su congénita naturaleza ofídica, que vaga como un reptil innocuo y acechante por los lugares de sus recuerdos y fantasías.
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