«-¿Me harías el honor de ser mi novia falsa, Emma Hemmings?»
Emma lo consideró por una fracción de segundo. Los últimos dieciocho años de su vida había visto aterrorizada como cada chico que le decía eso acababa con un ojo morado. Estaba harta, pero asustada también.
Luke Hemmings y Ashton Irwin. Sus hermanos, sus carceleros. Siempre estaban ahí vigilando.
Ellas nunca habían podido tener a un chico a menos de un kilómetro a la redonda. Ni hablar de mantener una conversación normal. ¡Habían mandado un chico al hospital por pedirles la hora! La situación se había salido de control el último año, cuando Charlotte decidió que era hora de tomar el control de su vida privada y salir a citas. Una hora fue lo que duró su valentía; el mismo tiempo que les tomó a Luke y a Ashton golpear al chico hasta dejarle un par de huesos rotos y darle la reprimienda de su vida, mientras que ella iba camino a casa rebotando en el hombro de Luke, quien la había cargado como un costal de patatas contra su voluntad.
Nada ni nadie dentendría nunca a esos chicos, ¡incluso las apartarían de las mujeres de descubrir que ellas dos eran «del otro bando»! Pero... ¿Acaso su locura era tan grande como para tomar represalias contra la hermana de su mejor amigo? O peor aún, ¿contra su propia hermana?
«-Acepto, Charlotte Irwin»
«-Venguémonos de esos imbéciles»