6 mga parte Ongoing MatureMe llaman el maldito tiburón de los negocios, un experto en fusiones y adquisiciones. Mi estrategia es simple: comprar barato, inyectar tecnología, pulir y vender caro. Esa fórmula me dio más riqueza de la que alguna vez creí posible.
Han pasado siete años desde que fundé mi empresa. En todo ese tiempo no he tomado un solo día libre. Mi vida cabe en pantallas, contratos y vuelos nocturnos. No tengo horarios ni otra prioridad. Y, sin embargo, últimamente me sorprendo preguntándome para qué. He recorrido medio mundo y todos los aeropuertos se parecen; ninguna ciudad me pertenece... hasta que la conocí. Hasta que vi mi reflejo en sus ojos.
¿Qué demonios te pasa, Grey? ¿Desde cuándo te permites estas grietas? La idea me irrita. No me siento cómodo conmigo mismo ni con nada a mi alrededor, salvo cuando estoy con ella y su sonrisa desarma mi rutina. Sus ojos azules, llenos de una curiosidad intacta, reducen el resto del mundo a un murmullo. Su risa -ligera, inesperada- es una melodía que se me queda grabada. Esa chica imprudente y soñadora.
Somos opuestos. Ella es claridad, una franqueza que no pide permiso; yo me muevo mejor en los rincones, con un pasado que guardo bajo llave.
No. No puedo arrastrarla hacia mi órbita. Alguien como yo terminaría apagando lo que la hace única: su impulso temerario, su terquedad luminosa, la generosidad casi ingenua de su corazón.
Y, aun así, cuando la imagino lejos, el mundo vuelve a sentirse estrecho y silencioso. Como si todo lo que he construido careciera de peso sin su risa atravesándolo. Quizá debería apartarme, dejarla intacta en su luz.
Pero la verdad es más simple y más peligrosa: desde que la conocí, cada uno de mis pensamientos encuentra el camino de regreso a ella. Y por primera vez en mi vida, no estoy seguro de querer escapar.