Siempre era la misma puta rutina. Me humillaba, se reía y se retiraba muy contenta de sus actos, que eran hacerme mas mierda de lo que me sentía. Maldita perra. Pero no podía hacer nada, absolutamente nada. O al menos eso creía. "No maldigas la oscuridad, mejor enciende tu luz"
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Me quedé totalmente bloqueada, sin saber que hacer.
Yo no paraba de mirar a mi primo, por que no sabía que hacer, cuando él me dió un empujón y me caí a sus pies.
Yo me moría de la vergüenza...