Yo,Alejandra De La Vega,gerente y encargada principal de una cadena de hoteles que tenía mi padre por España.
¿Él? un famosísimo cantante español que por allá por donde iba,robaba el corazón de muchas personas. Como para no robarlo con esa sonrisa angelical,esos lunares,esos ojos que te quitaba la respiración y que voz...
Mentiría si os dijese que nunca imaginé una vida con alguien así. ¿Quién no ha soñado nunca con su príncipe azul? Bueno,pues yo si había soñado muchas veces con él. ¿El problema?mi príncipe azul viene con una guitarra y miles de personas detrás que mueren por algo tan simple como una mirada suya. En realidad mi príncipe,acarrea un pack completito: fans,ex novias celosas,paparazzis,gente que se mete todo el rato en su vida,una vida complicada,muchos viajes,poco tiempo para pasar juntos,ect,ect,ect. Pero,¿sabéis que? a pesar de todo esto me di cuenta de que realmente lo quería. Descubrí que aunque todo el mundo pensara que su vida en realidad era de color de rosa,no lo era,que nadie lo veía como a alguien de carne y hueso,que todo el mundo se pensaba que lo conocía y que estaba más controlado que un cangrejo en un cubo. Pero yo,estaba dispuesta a soportar todo esto,a pesar de que me costara más de un disgusto. Sería capaz de todo por verlo sonreír. ¿El verdadero problema de toda esta locura? la persona a la que le había dedicado tantas canciones durante estos años,la cuál claramente,no era yo.
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Siempre creí que tenía todo bajo control. Estudiar, trabajar, ver a mis amigos, todo en su lugar. El amor nunca fue una prioridad para mí. No tenía tiempo para complicaciones, ni para relaciones que solo vinieran a distraerme. Pero una noche, todo cambió.
Lo que comenzó como una simple curiosidad pronto se convirtió en algo mucho más intenso. Las llamadas nocturnas se volvieron nuestra única forma de comunicarnos. La conexión entre nosotros crecía, y con ella, el deseo. Sus palabras se convirtieron en un dulce veneno, y yo me encontraba atrapada en una mezcla de atracción y temor. Pero había algo extraño. Algo que no podía entender. A pesar de la intensidad de lo que sentíamos, había una barrera invisible, una distancia que se sentía como un muro entre nosotros, y que nunca lograba atravesar.
A medida que todo avanzaba, me di cuenta de que ya no podía ignorarlo. Empecé a desear conocerlo, a ver quién era realmente. Y cuando finalmente lo hice, las complicaciones empezaron. Lo que pensé que sería el inicio de una historia de amor se transformó en un reto. Los secretos entre nosotros eran más profundos de lo que imaginaba, y la distancia comenzó a pesar más de lo que esperaba.
Porque el amor no es solo una cuestión de sentimientos. Es algo más complejo, algo que requiere sacrificios, decisiones difíciles, y, sobre todo, paciencia. Ahora sé que lo que más deseo también es lo que me reta cada día.