-¡...! -le tomo la cara con las manos, intentando despertarla-. ¡Hey, despierta! Por favor, abre los ojos. Después de varios minutos intentando, estaba perdiendo las esperanzas. Entraba en desesperación y lo único que quería es volverse a tirar al mar, sin rumbo y solo ahogarse, pero sabía que eso no era posible. -No quiero perderte. No puedo. Sin esperanzas, recargo su cabeza en el pecho de su amiga. Con dolor, rabia e impotencia, se hecho a llorar. Quién dijo que los hombres no lloraban, era un idiota, porque claro que lloran. También tienen sentimientos, también sienten dolor. Y en ese momento, el lo sentía. Latente, frustrante, infernal, torturante.... Su corazón se reanimó. Escupió agua por la boca, toda. El se levantó la cabeza y sonrió ampliamente. La miro, ella lo tomo de la barbilla y lo acaricio. -Estoy bien. Estoy viva -se río, sin creer lo que decía-. ¿..., Qué es lo que tienes en tu cuello? -Ambos la tenemos. El la ayudo a levantarse, ella se miró en el reflejo del agua y entonces la vio. En su cuello, una marca en forma de rayos, como si uno hubiese impactado en su cuerpo, se extendía por la mitad del lugar. Ambos la tenían. -¿Qué es esto? -lo miro, perdida. -¿Has escuchado hablar sobre los Para-ba-tai?
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