DEMENTE
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WpMetadataNoticeLast published Sat, Jan 20, 2018
Logan. Mi mejor amigo. Muerto. Murió hace 2 días, hoy es su funeral, mi padrastro está conduciendo hacia el cementerio, a los 10 minutos de viaje, llegamos. Al bajar del auto, vi un grupo de gente, todos vestidos de blanco, ya que Logan siempre decía: "Cuando muera todos irán vestidos de blanco y yo de negro". Así que aquí estamos. Caminé hacia ellos y me encontré con Hanna, mi mejor amiga. - Hola - tenía la mirada perdida. - Hola - dije mirando el ataúd donde yacía el cuerpo sin vida de Logan. Mientras miraba a Logan sentí una brisa pasar a mi lado, caminé hacia el ataúd. Al estar al lado de este, vi a Logan haciendo un ademán de despertase, abrió sus ojos y llegó mi madre. -Hija, se ve que estas devastada, vamos- dijo mi madre, yo, aún sin poder creer lo que había visto, seguí a mi madre hasta una silla y me senté, junto a Hanna. Logan, ¿estás vivo o muerto? Necesito averiguarlo.
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Nadie elige a quién recuerda el alma... pero el alma sí recuerda a quién amó. Desde que tenía memoria, Mitea supo que no era como las demás. Su reflejo en el espejo le devolvía una mirada demasiado antigua para una niña de nueve años. Tenía el cabello rubio como la luz del amanecer y unos ojos grises, tan intensos y penetrantes como el filo de una tormenta. Esos ojos no eran de una niña: eran de alguien que ya había vivido demasiado. Creció junto al coronel Christopher Morgan, como una sombra que no lo abandonaba. Siempre a su lado, siempre atenta. Mitea no necesitaba preguntarle nada: lo conocía mejor que él mismo, como si su existencia girara en torno a protegerlo... o recordarlo. -¿Por qué siempre estás con él? -le preguntó una vez Luisa, intrigada por su devoción silenciosa. Mitea solo sonrió con esa expresión misteriosa y fría que la volvía aún más inquietante. -Porque no lo voy a perder dos veces. Había cosas que nadie sabía. Como el hecho de que Mitea soñaba con fuego cada noche. Con un lugar destruido. Con gritos. Con el corazón de alguien que se apagaba lentamente en sus brazos. En esos sueños, ella no era una niña. Era una mujer rota. Era otra persona. Era alguien que había amado con tanta fuerza... que el universo le dio una segunda oportunidad para nacer. Sabrina la odiaba en silencio. Y Mitea devolvía ese desdén sin pestañear. Rachel, por su parte, le despertaba algo distinto. Tal vez desconfianza. Tal vez celos. O tal vez un eco profundo de algo que la niña aún no sabía cómo explicar. Porque en los recuerdos de su alma, Rachel también estaba ahí. Ahora, Mitea ha vuelto. En un cuerpo nuevo. Con una misión aún no dicha. Rodeada de personas que no saben quién fue... pero que pronto recordarán lo que ella nunca olvidó. Y Christopher... Christopher la mira sin saber por qué a veces siente que la conoce de otra vida. Pero lo sabrá. Todos lo sabrán. Y entonces comenzará el verdadero juego.

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