Born To Rule

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WpMetadataNoticeLast published Sat, May 7, 2016
Recuerdo esa noche muy bien, recuerdo las hojas crujir bajo mis tenis gastados, recuerdo como mi pelo se me pegaba a la cara por el viento, recuerdo cada detalle de esa noche, pero lo único que no recuerdo, es la razón por la que estuve inconsciente un año un día. ¿Qué fue lo que realmente pasó esa noche? Esa, esa es la pregunta de un millón, la pregunta que me vienen planteando los doctores desde hace dos días que desperté, pero no importa cuantas veces intente recordar, mi mente sigue en blanco, no puedo recordar nada, lo único que recuerdo, es el dolor. El dolor que recorría todo mi cuerpo, tan desgastante, tan desgarrador, como sí mi corazón no cupiera en mi pecho, como sí mis piernas hubieran olvidado su función de cargar mi peso, como si en mis venas en vez de correr sangre corriera insecticida y después de eso, un frío total y absoluto que derribó mi cuerpo directo al asfalto en una carretera borrosa para mis recuerdos, y después?, nada, absolutamente nada.
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🦋 Índice: El día parecía un reflejo de mi alma, un cielo gris y denso que pesaba sobre mí. Me iba sin expectativas, sin esperanza alguna de verlo, convencida de que nuestros caminos nunca volverían a cruzarse. Pero justo cuando el destino parecía sellado, lo vi. Estaba allí, de pie al otro lado de la calle, y cuando nuestras miradas se encontraron, me sonrió. Esa sonrisa, tan familiar y cálida, desarmó cualquier emoción que pudiera haber sentido hasta ese momento. Era como si, en ese instante, el mundo dejara de girar y el peso de los recuerdos se liberará en un suspiro. Lo extrañaba, aunque no lo admitiera, y ver su rostro trajo consigo una marea de memorias, de momentos que pensé haber dejado atrás. Mientras caminaba hacia mí, mi corazón latía con una mezcla de anhelo y dolor. Me pregunté si él también estaba feliz de verme, si en su sonrisa había un rastro de los sentimientos que alguna vez compartimos. Pero a medida que se acercaba, la realidad me golpeaba con fuerza. Cada paso suyo parecía resquebrajar algo en mi interior, haciéndome recordar por qué había decidido irme. Mi rostro seguía inmutable, atrapada entre la rabia, la frustración y una tristeza profunda. No podía dejar que viera lo que en verdad sentía. Y entonces, el semáforo cambió a rojo, y él cruzó la calle corriendo, acortando la distancia que nos separaba. Sin previo aviso, me envolvió en un abrazo. Pero algo en mí había cambiado. La calidez que una vez sentí por él se había transformado en una tristeza insondable. No lo entendía en ese momento, pero el cariño que alguna vez fue puro y profundo, ahora era solo un eco de lo que había sido. ¿Estaba realmente aquí para despedirme de él? La pregunta se quedaba suspendida en el aire, sin respuesta. Lo único que sabía con certeza era que aquel día, un ciclo estaba llegando a su fin. 21 y 24 8 de septiembre Un fin...

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