El menor de los Rodgers ha regresado a la ciudad con un extravagante aspecto hipster que causa sensación y censura por igual. Desde que llegó va por ahí deslumbrando a jóvenes, amas de casa y señoras mayores con esa conveniente sonrisa de comercial de pasta de dientes que heredó. Habíamos formado una extraña amistad, éramos el pañuelo de lágrimas del otro. Ya no creo que quede nada de eso entre ambos. No sé por qué está aquí, pero me da mala espina, cada vello de mi piel se eleva cuando está cerca. Tampoco sé por qué está en mi casa, por qué se empeña en estar cerca de mí, pero empiezo a hacerme una idea.
Más detalles