Hasta el Infinito

Hasta el Infinito

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WpMetadataNoticeLast published Tue, Jun 7, 2022
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Fiction
Romance
Se acuesta de espaldas, sin pensarlo empiezo a masajearle los pies, despacio y suave para atenuar el dolor, por toda la pierna con el tiempo suficiente para frotar todo sin que me se me pase ni un centrimetro hasta llegar a la parte baja de sus nalgas, pero para no hacer nada me salto esa parte y voy directo a su cintura, le masajeo suavemente la espalda, los hombros y el torso, le gusta lo que hago pero ya no puedo aguantar más y bajo directo a sus nalgas para masajearlas y apretarlas, parece no molestarle así que sigo despacio para poder apreciarlas, una de mis manos la dirijo a su sexo...
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-Con esta ya es la décima chica secuestrada en la ciudad -comentó Diego. -¿Qué harán con ellas? Digo, tantas mujeres... -dijo Dalia, inquieta. -Lo único que yo sé es que... qué bueno que soy macho -respondió alguien con una sonrisa burlona. Sonreí ante aquel comentario. -¿Y tú, Lari? ¿Qué opinas? -¿Yo...? -Sí, tú. ¿Estás muy despistada? ¿En qué piensas? -En nada... Bueno, ¿irán a la fiesta de hoy? -No sé, la verdad dudo que me dejen. Y menos si voy sola -contestó Karen. -Yo iré un rato -dijo Diego-. Sólo para acompañar a Larissa. -¿A mí? Yo no necesito que me acompañes. -aun así lo haré. Y ya, hay que irnos a clases o nos van a castigar. 12:30 p.m. -¡Lari, ya son pasadas las doce! ¿No crees que es hora de irnos? -gritó Diego para que lo escuchara entre la música. -¡No, aún es muy temprano! -respondí sin dejar de bailar. Yo seguía moviéndome al ritmo de la música. -¡Bueno, como quieras! ¡Yo ya me voy, nos vemos en la escuela! -me gritó, alejándose hasta perderse entre la multitud. 3:33 a.m. Salí del club caminando sin tacones y, admitámoslo, un poco embriagada. Caminaba por las calles, ya que mi casa no quedaba tan lejos del club y la madrugada estaba agradable. -Mariana, cuenta uno... Mariana, cuenta uno... -empecé a cantar sin sentido. Fue entonces cuando una camioneta negra se detuvo bruscamente frente a mí. Me quedé paralizada; mis piernas no respondían. De la camioneta salieron dos hombres vestidos completamente de negro, con máscaras extrañas. Intenté gritar, pero uno de ellos tapó mi boca y cubrió mi nariz con un trapo blanco húmedo. El otro me tomó por las piernas mientras yo pataleaba con fuerza. introspectivo -¡Carajo, tómala bien! -gruñó el que me sujetaba. Seguía luchando cuando un tercer hombre bajó de la camioneta Eso fue lo último que vi antes de sentir la inyección en el cuello. Después... oscuridad.

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