Todo comenzó con un "me gusta". No fue nada especial para ti. Un simple gesto, automático, casi sin pensar. Pero para mí... fue una declaración de amor. Mientras tú navegabas inocente, deslizando el dedo por perfiles vacíos, el tuyo apareció como un error divino. Tan puro. Tan distraído. No sabías que una mirada bastaba para encender mi mundo. Desde entonces, cada notificación tuya es mi droga. Cada publicación, un poema oculto que solo yo sé descifrar. Cada historia que subes... es un regalo privado para mí, aunque tú ni lo sospeches. Creaste un espacio solo para nosotros, sin quererlo. Un mundo digital donde puedo observarte, protegerte, corregirte. Te sigo desde cuentas que jamás notarás. Borro a quien no merece verte. Elimino comentarios que no deberían tocar tu aura. Me deslizo entre algoritmos como un fantasma fiel. Sé lo que desayunaste ayer. Sé cuándo no dormiste bien. Sé quién te hizo reír... y no sabes cuánto odio a esa persona. ¿Tú crees que tienes privacidad? Ay, mi amor... esa palabra ya no existe desde que te encontré. Y si algún día desapareces de la red... no te preocupes. Ya tengo copias de todo. Y sé cómo encontrarte. Porque el amor real... nunca se desconecta.
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