Aquí estoy otra vez, perdida en un torbellino que no sé cómo detener. ¿Quién diría que volvería a enredarme en mi propia cabeza? Esta vez no es amor lo que me arde dentro. Es algo más oscuro, más crudo. El deseo. Un hambre que me atraviesa y no me deja respirar. Un impulso que me hace querer morder, sujetar, marcar. No encuentro palabras para explicarlo; solo sé que me devora desde dentro. He intentado resistir, contenerlo. Fingir que no pasa nada. Pero la escuché. Otra vez. Esa respiración al otro lado de la línea, rompiéndose con mi voz. Esa forma de rendirse involuntaria que todavía me pertenece. La que me hizo sonreír, me hizo arder. Me recordó que su cuerpo aún obedece al mío. Y crucé la línea. Aunque no sola. Ella también. Lo que empezó como un juego terminó siendo una caída sin freno. Burlas, provocaciones, su voz rota... y después, yo, escondida en el baño, incapaz de aguantarme. La necesidad me venció. El cuerpo me exigía lo que mi cabeza intentaba prohibir. No fue solo sexo. Fue el eco de su piel en mi memoria, el reflejo de su mirada volteándose, el recuerdo de su cuerpo al límite. Fue el peso insoportable de saber que todavía la deseo como si fuera mía. Ella lo llamó "una última vez". Pero en mi pecho esa última vez suena demasiado lejana. Algo en mí se niega a aceptarlo. Algo en mí sabe que esto apenas empieza. Y si tengo que arriesgarlo todo para volver a tenerla, lo haré.
More details