Ahí estaba sentado yo, sin un presentimiento ni ninguna sensación de que todo fuera a cambiar, sin ninguna motivación para cambiar yo mismo las cosas. No lo sabía en ese momento pero todo mi mundo se vendría abajo, no antes de convertirse en el paraíso. Como en el efecto mariposa, un aleteo cambiaría el curso de mi historia. En mi caso, una sonrisa sería el detonante que, como en las películas de amor de los años cincuenta, me daría algo por un precio muy alto.
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