No sé en que momento me acostumbré a esto. A tener ataques de ansiedad todos los días, a no poder confiar en nadie, y mil cosas que me guardo. Pero paso, dejé de confiar en las personas, dejé de hacer cosas que me gustaban como el balonmano o salir con mis amigos. Me apagaron tanto que pasé de ser una persona conocida por toda la ciudad a desaparecer para muchos compañeros, a volverme invisible. Pensé que jamás volvería a ser yo misma, pero entonces apareció él y mi alma sanó. Me saco de la oscuridad en la que estaba, y me enseñó a ver la vida con otros colores, a querer y a quererme. Me enseñó tanto que me hizo amarle, y le amaré Hasta que nos volvamos mariposas.
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