
Eran como las 4 de la mañana y no había logrado conciliar el sueño en toda la noche. Los minutos pasaban como horas y el techo se volvía cada vez más interesante. No podía seguir así. Me deslicé de mi cama y sigilosamente me escabullí de mi alcoba procurando hacer el menor ruido posible. Abrí la puerta principal y luego la reja de la casa y en cosa de segundos me encontré con la calle. Inhalé profundo y dejé que la magnificencia del aire puro se apoderara de mi. El frío se calaba por mis huesos pero no me importaba. La dicha de estar en el exterior contrarrestaba todo malestar. Encendí un cigarro y comencé a caminar sin un rumbo de fijo. "es bueno estar en la calle" pensé. Mientras deambulaba por una ciudad impersonal e inexorable comencé a meditar acerca de mis asuntos. Tenía que pagarle al Juan antes de fin de mes, y estábamos a 15. Sabía que nadie iba a prestarme dinero y no me tentaba la idea de robar 500 lucas. Puede que yo fuera una causa pérdida pero tenía mis limites. De pronto sentí un fuerte zumbido y una presión en la nuca. Me toqué la cabeza y cuando vi mi mano esta estaba cubierta en sangre. Una niebla me envolvió y una voz alarmada pero a la vez dulce y cálida decía o más bien gritaba cosas que me eran incomprensibles. Entonces todo comenzó a volverse negro y caí al suelo.Todos los derechos reservados
1 parte