« -Capitán Rogers, ¿cree en la rencarnación?- » La voz resonante de las memorias perdidas, reprimidas, ocultas por sí mismo. Son escenas vagas, recuerdos que lentamente se hacen un espacio en su cuerpo, en su mente, en su vida. Lo agobian, lo consumen, lo sofocan ¿Quién es? Ese hombre de sus sueños, aquel que con arrogancia y diversión le sonríe, que se mueve tan relajado a su alrededor. Aquel que le despierta tanta curiosidad e interés ¿Tony? Es parecido, tan parecido...
« -Señor Lokhart, ¿cree usted en la rencarnación?- pregunto, ansiando la respuesta de una pregunta que bullía por salir de sus labios, retenida, expectante, impaciente.
-Deseo creer, Capitán Rogers- » No lo soportaba más, la ansiedad, la necesidad lo llevaban cada vez más cerca del abismo. Los recuerdos no eran suficientes, las escenas ya no satisfacían su curiosidad. Los recuerdos, cada vez más profundos, aun son insuficientes, mundanos. Necesitaba más. Deseaba saber más, hambriento por conocer más de un pasado que, hasta ahora, no sabía que tenía. Sin embargo está mal, lo siente, se obliga a sentirlo; no está bien, es incorrecto. Sus sentimientos puestos en duda, su posición perdiéndose lentamente en revelaciones de su propia mente y corazón ¿Qué era todo aquello?
« -Tal vez en otra vida- » Ansió tanto poder verlo, otra vez, una vez más. Ahí estaba, frente a él, sonriéndole con arrogancia y diversión... Tony, Adler...
Los nombres se vuelven tan efímeros al lado de un alma anhelante, el clamor de una historia que no pudo ser...
Steve Rogers siempre había sido un hombre de control. Un soldado con voluntad de hierro. Un líder guiado por el deber.
Hasta que ella apareció.
Karisse Rothschild no era solo una distracción. Era una maldita provocación. Un fuego que ardía demasiado cerca, que lo consumía con cada mirada intensa, con cada sonrisa cargada de intenciones, con cada palabra susurrada en ese tono que lo desarmaba sin remedio.
Steve había pasado su vida reprimiendo deseos, dominando cada impulso con la disciplina impecable del Capitán América. Pero ella... ella lo hacía olvidar quién se suponía que debía ser.
Porque cuando Karisse se acercaba, con su perfume envolviéndolo, con su voz ronca de insinuaciones, con su cuerpo demasiado cerca, demasiado tentador... algo en él cedía. Algo oscuro, algo primitivo, algo que gritaba por tomarla y dejarse consumir por el deseo.
Sabía que no debía ceder. Sabía que era peligroso, que una vez cruzara esa línea, no habría vuelta atrás.
Pero también sabía que resistirse a Karisse Rothschild era imposible.
...
Smutfic.
AU.
...
Cover hecho por The Witch Café by. @Millky_95