Rodó la primera lágrima de ese día. Mirando hacía la ventana del autobús, de repente notó que empezaba a llover, iba a hacer una de esas noches que ya había vivido tan fría y solitaria como muchas. Ya de regreso a casa con auriculares en sus oídos, ¡ cómo amaba sus auriculares! alimentaba su cabeza de música, solo esperaba que el autobús girara unas tres cuadras antes de su casa. Llegando el momento se levantó de su lugar y bajando del autobús agradeció. Camino a casa recordaba tantas cosas que había vivido, que estaba viviendo y las que viviría, pasó sus dos manos por sus ojos y divisando su casa, ahí estaba él... De repente una sonrisa se dibujó en su rostro , sabía que Thomás siempre la esperaba en casa.
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