Ella era todo lo que él no podía tocar. Él era todo lo que ella no debía amar. Pero en un mundo donde la sangre separa y la magia miente, el amor encontró su camino... Y lo hizo ardiendo. Ella era un hada. Brillaba con luz propia, suave, pura, pero no inocente. Él, un dragón forjado en fuego y rabia, con el alma rota y las manos manchadas. Y sin embargo, cuando sus miradas se cruzaron, el tiempo dejó de obedecer. Cada roce quemaba. Cada beso suplicaba. Cada caricia era un hechizo lanzado con el cuerpo. Porque entre ellos no había espacio para lo tibio... Solo fuego y ternura, deseo y entrega, como si amar también fuera una guerra que se libraba piel con piel. Se pertenecían antes de saberlo. Y cuando por fin se tocaron, el mundo no solo tembló... Se rindió ante ellos. porque ellos eran una mezcla entre 𝓛𝓵𝓪𝓶𝓪𝓼 𝔂 𝓹𝓸𝓵𝓿𝓸𝓼 𝓭𝓮 𝓱𝓪𝓭𝓪𝓼.
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