La Sonrisa del Pecado
J no llegó a la vida de Ivory para salvarla. Llegó para llevársela, y cuando un hombre como él decide algo, el oeste entero parece apartarse del camino.
En 1883, Ivory Thorne vive atrapada en un salón donde los hombres entran creyendo que todo puede comprarse: la bebida, el silencio, el tiempo de una mujer y hasta su dignidad si ponen suficientes monedas sobre la mesa. Ella ha aprendido a sobrevivir allí sin esperar ayuda de nadie, tragándose el miedo cuando hace falta y fingiendo que nada puede romperla, aunque por dentro lleve demasiado tiempo soñando con escapar.
Entonces aparece J, un bandido buscado del que nadie se atreve a hablar demasiado alto. No se sabe su nombre real, solo esa inicial que va dejando miedo en cada pueblo por el que pasa. Es cruel, peligroso y tiene una sonrisa torcida que parece anunciar problemas antes incluso de sacar el revólver. Donde él entra, algo se rompe; una puerta, una vida o la poca calma que quedaba.
Cuando sus caminos se cruzan, Ivory no encuentra una salvación limpia ni una promesa bonita. Encuentra a un hombre capaz de arrastrarla a un mundo de robos, persecuciones, enemigos y decisiones que pueden costarle caro. J no es bueno, no pretende serlo y tal vez por eso resulta tan difícil apartar la mirada de él.
Entre los dos nace algo incómodo, peligroso y demasiado intenso para llamarlo solo deseo. Ivory sabe que acercarse a J puede ser una condena, pero también empieza a entender que quizá seguir donde estaba era otra forma de morir lentamente.
En un oeste donde la ley llega tarde y el pecado cabalga armado, amar a la persona equivocada puede ser el riesgo más peligroso de todos.