El manto nocturno acarreaba con sigo nuestro gran sueño, nuestra ilusión, algo más poderoso que nuestra realidad fue nuestra imaginación.
Yo era como una pequeña flor que soñaba con estar en el espacio, tan lejano de mi verdad, tan ajeno a mis raízes.
Tú, la luna, tan bella e imposible, mi única y preciada compañía.
Pero es malo ilusionarse cuando no hay posibilidad, mas no es malo soñar.
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