Un Último Café

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WpMetadataNoticeÚltima publicación lun, mar 6, 2017
Aún me cuesta recordar lo que ha sído de mi infancia. No es sencillo cuando todo es a blanco y negro y no hay nada en orden, ni mis propios pensamientos. Mis recuerdos se han convertido en diminutos fragmentos de un pequeño marco fotográfico que alguien por descuido o error ha dejado caer sobre la vieja alfombra de terciopelo polvorienta que yace en el atico. Nadie quiere hacerse a la tarea de recogerla, así que sólo yo puedo hacerlo, pero cada que lo intento, cada que me acerco más y más a lograrlo, mis esfuerzos se desmoronan como si fuera un pequeño castillo de arena a orillas de la playa y debo comenzar de nuevo, desde cero.
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Siempre he sido de esas personas que tenían mil preguntas y ninguna respuesta. Estoy aquí delante de miles de fotografías. Han pasado ya diecisiete años desde aquel momento en el que no veo a nadie, mejor dicho, a ningún conocido desde que subí a aquel avión aquella tarde oscura de invierno en las que las hojas se movían veloces por la fuerza del aire, donde no paseaba nadie por las calles, por la culpable llovizna iluminada por las farolas se quedaba en mi pelo y clavadas en la chaqueta oscura mientras sin creerme aquel momento solo supe que nada volvería a ser como antes. Dejaba mi vida atrás pensando que era lo mejor para dedicarme a aquello que me gustaba. Estaba claro que dejé mi vida a un lado con una lágrima llena de dolor, causada por un corazón roto. Ahora comenzaba otra etapa de la cual no podía estar ahí. Pero las cosas no son tan fáciles de olvidar con solo huir. Esos años no son suficientes para olvidar a la persona que mas te ha llegado a marcar en la vida. Esta es la historia de Adam Lubik contada a través suya por recuerdos de viejas imágenes del pasado. Porque recordar siempre es bonito, pero olvidar no siempre es tan fácil.

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