La bahía

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WpMetadataReadTerminé ven., déc. 4, 2015
La arena se fundía con el cuerpo creando una segunda piel. Las olas rompían armoniosamente en algún lugar indeterminado, simulaban el sonido de mil tormentas capturadas y encerradas en botellas de cristal, que se quebraban al mínimo contacto con la firmeza de la arena. Los ojos se clavaban en el cielo, poseía un azul vibrante y a la vez cautivador, Dios estaba en todas partes y recordaba en la distancia, que nunca podríamos igualar aquel matiz. El cuerpo se levantó lentamente, y una aguja inyectada en el néctar de la angustia se clavó en el corazón. La necesidad de tener siempre algo que hacer, algo con lo que olvidar, se había evaporado. Los párpados se enlazaron. Los pies dibujaron el sendero que llevaba hasta el cielo. Las manos alcanzaron a arrancar un par de piedras, que al llegar a la cúspide debería introducir en sus bolsillos, de lo contrario jamás llegaría al fondo del mar, y entonces, ¿Cómo conocería a Dios?
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-¡Ya deja de decir mi nombre completo! Parece que estás hablando en serio sobre algo que no tiene sentido. Yo no puedo controlar el clima o la madre naturaleza. Si vino una tormenta de la nada, no le vas a echar la culpa a una persona. Tal vez creas que me intimidas Apolo, pero no es así. Así que si quieres saber qué fue lo que pasó, conviértete en meteorólogo y si no tienes suerte buscando las respuestas que quieres, te veo en las noticias a la hora del clima. Ahora vete, la puerta de abajo está abierta.- Dije abriendo la puerta. ¿Quién se creía que era? Sin sacar sus ojos que estaban más que nunca en un color naranja de mí, se levantó y se me puso a centímetros de mi cara. - Bien. Si así es como quieres jugar, juguemos. Pero te advierto Thea, no me provoques. Ya voy a saber lo que pasó, de las buenas o de las malas.- Y otra vez sentí esa fuerza que me daba ganas de caer desmayada en sus brazos, pero lo rechacé, como lo había hecho antes.

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