La bahía

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WpMetadataReadAbgeschlossene Geschichte Fr., Dez. 4, 2015
La arena se fundía con el cuerpo creando una segunda piel. Las olas rompían armoniosamente en algún lugar indeterminado, simulaban el sonido de mil tormentas capturadas y encerradas en botellas de cristal, que se quebraban al mínimo contacto con la firmeza de la arena. Los ojos se clavaban en el cielo, poseía un azul vibrante y a la vez cautivador, Dios estaba en todas partes y recordaba en la distancia, que nunca podríamos igualar aquel matiz. El cuerpo se levantó lentamente, y una aguja inyectada en el néctar de la angustia se clavó en el corazón. La necesidad de tener siempre algo que hacer, algo con lo que olvidar, se había evaporado. Los párpados se enlazaron. Los pies dibujaron el sendero que llevaba hasta el cielo. Las manos alcanzaron a arrancar un par de piedras, que al llegar a la cúspide debería introducir en sus bolsillos, de lo contrario jamás llegaría al fondo del mar, y entonces, ¿Cómo conocería a Dios?
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En un mundo donde los cielos han sentido compasión por las almas gemelas que han muerto sin conocerse, las personas ahora tienen una forma de poder reconocer a su amor predestinado: Una palabra que un día se escribió en las muñecas de todos, una palabra que sólo la tienes tú y tu alma gemela. **** Una tarde, Mei no pudo volver a casa antes del toque de queda y se ocultó en un callejón para evitar ser descubierta por las personas que patrullaban el lugar. Lo que nunca se esperó, ¡fue terminar descubriendo el barrio clandestino de la ciudad! Un lugar donde el virus no ha llegado y la cuarentena no existe; un callejón del que nadie sabe y donde las personas continúan viviendo sus vidas de forma normal. ¡Pero esperen! ¿Esas son...alas de murciélago? ¿Por qué venden cosas tan extrañas? ¿Tarro de uñas? ¿Sopa de qué cosa? ¡¿Qué está mal con ese mercado?!

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