― ¿Quién es él?
― Se llama Jorge.
― Es... guapo.
― Más o menos.
― Parece un hípster. Dios, no, no es guapo...
Sin embargo pasé el resto de mis días pensando en él, hasta que decidí acercarme y cuando parecía que él me recibía con los brazos abiertos, me dejó caer.
Aún mantengo la misma duda, ¿ha sido él, o mis tontas ilusiones?
Las despedidas son agridulces, pero no es el final: veré tu rostro de nuevo.
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