-...Y así fue como Catherine, salvo a Mylphelia otra vez- *termino mi abuela, nuevamente con otra gran hazaña, dejándome totalmente hipnotizada*
Nunca supe porque, hasta que sucedió "aquello"cada vez que mi abuela contaba una de las miles de fascinantes historias de la maga Catherine, sentía un calor especial en mi pecho. Sentía que la conocía. Cada momento que había vivido ella, sentía como si yo lo hubiese vivido, y no me refiero a tener una gran imaginación, aunque en mi pueblo, la magia es algo que va y viene tanto así que casi siempre a señores que cargan pesados sacos de pan o señoras que caminan junto con sus hijas, les hacen bromas niños o adolescentes, incluso jóvenes mayores de edad. Pequeñas pandillas que se dedican a usar sus poderes nuevos o grupos de alumnos que salen a las calles probando lo que aprendieron en clase. Y lo que mas me daba curiosidad es que las personas siempre decían: " Catherine, dales una nota o muéstrales la verdadera magia", tampoco entendía porque mi abuela, me prohibió decir esa frase en el idioma original: "Catherine, leur donner une note ou goûter à la vraie magie", un idioma que en Mylphelia, desde que Catherine murió, jamas se ha vuelto a oír a alguien hablarlo, y el joven que fue su pareja(que también sabia hablar el idioma), desapareció repentinamente al caer con el cuerpo de su amada Catherine en sus brazos, por la punta del barranco Nous Sommes Étoiles.
Todas las historias las amaba: El barranco Nous Sommes Étoiles, Los espectáculos que daba, como peleaba, etc. Pero la historia que mas adoraba, era oír la vida de Catherine. Desde como nació hasta como murió. Nunca deje de admirarla, incluso cuando mi abuela falleció.
Pero, algo me decía que Catherine no estaba muerta, aunque la gente del pueblo siempre la tenia presente, en el fondo de mi corazón, cada vez que miro hacia el cielo, alguien me llama pero nunca se como responder.
-....Ahora entiendo quien es mi verdadero yo-
Cuando era adolescente, recuerdo que estaba sola en casa y aprovechaba de encenderme un cigarrillo, me paseaba bailando o cantando por todas partes, como si nadie fuese a notar el olor, nadie lo hacía.
Lo peor de todo fue cuando me pillaron, pensaba que nadie me había visto, pero todos lo vieron y lo malo de que todos te vean es que todos hablan, todos cuentan, todos exageran.
Cuando empecé a fumar, creo que tenía entre catorce o trece años, era una niña, pero cuando me descubrieron a nadie le importaba. A nadie le interesaba en lo más mínimo porque lo hacía, por que comencé a hacerlo, cuando y con qué.
No tenían idea de que era decepción, que estaba triste, enojada y sola. Me habían traicionado. Una amiga y un chico, mi primer amor.
Desde ese momento cambie.
Jamás llegue a preguntarme por qué decidí ser la perra mala a la chica buena y amable que todos amaban. Quizás porque siendo la perra, nadie te hiere y siendo buena te vuelves un blanco fácil de herir.
Quizás por eso decidí ser la que lastima a la que lastiman.
Y quizás por eso también descubrí que lo sigo siendo, yo soy la que lastima, lo lastimo a él. No sé cómo. Pero lo hago.
Quizás es mi naturaleza, pero ellos me hicieron así.
Tercera parte de