Sin Nada Que Esperar

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WpMetadataNoticeLast published Tue, Aug 9, 2016
Podía sentir el pecho arden por la falta de oxigeno, sin embargo no podía para de correr, correr, escapar, alejarme de esa sensación de vacío y ansiedad que quedaba cuando dejaba de drenar esta ira q me carcomía por dentro, correr era mi única escapatoria no había más opciones, corrí, corrí por esa calle a oscuras sin darme cuenta cuando salí de ella para terminar vislumbrando una avenida a media luz, distraído por el cambio de tonalidades fue que pude sentir el fallar de mis piernas por el desgaste de mis músculos al correr tan deprisa y sin descanso, sabrá Dios por cuanto tiempo, sin darle mayor importancia seguí avanzando, abriéndome paso por el espeso y helado viento que a través de cada exhalación nublaba mi vista por el vapor que brotaba de mi boca en un intento violento de continuar, falle, sentí como mi rodilla izquierda perdió la fuerza remitiéndome a posarme solo sobre la pierna derecha aunque el intento no valió la pena, la fricción y velocidad con la que venía me envió directo al asfalto grumoso y un poco desgastado donde desgarre parte de mi jeans y palma de mis manos al pretender amortiguar la caída, quede allí, tendido en el suelo sintiendo como mi pecho subía y bajaba y mis oídos zumbaban con los latidos desbocados de mi corazón. En ese momento comprendí, realmente comprendí, que por más que corriera, nadara o volara, esta sensación, la frustración, no se iría de mí...
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[EDITADA] Las gotas ruedan por el contorno de sus rostros. A pesar de que se estuviera congelando, no podría dejar que aquella joven se siguiera mojando hasta el alma. Los minutos corrían, ya eran pasadas de las diez y el metro no los esperaría por siempre. Finalmente éste decidió hablar: ─¿Por qué no vuelves?─ la verdad, tampoco quería que se fuera. Sus enigmáticos zafiros lo hechizaron y sus rasgos tan delicados como la seda lo encandilaron. Quería admirar un poco más la belleza que, los escasos rayos lunares filtrándose entre las nubes, se encargan de alumbrar. ─No quiero... no puedo. Lo único que anhelo es salir de ese infierno─ el estruendoso ruido del trueno de las nubes la hicieron alejarse de aquel chico que tapaba el callejón. El clima nuevamente volvería a empeorar. Trago en seco, con los nervios a flor de piel, se llenó de valentía para el siguiente movimiento que haría. Toma a la chica del brazo y la jala hacia él, en busca de darle un poco de calor; por más lascivo que se viera aquella acción, el frío de una noche de espantosa lluvia lo meritaba. ─Ven conmigo. Un día, tu vida es gris, sabe a puré de papas y no tienes ni idea de qué está mal. Un día te encuentras vagando sin rumbo alguno y con heridas que deseas curar. Al siguiente día, llenas de luz y esperanza la vida de alguien más y te hace feliz. Al siguiente día, las cicatrices parecen un amargo recuerdo y puedes sonreír. Por fin en un día, encuentras el significado del "amor" y te enteras que está bien ligado con la felicidad. En ese día, después de una larga y oscura noche, llena de pesadillas, el dulce amanecer alumbra un nuevo brillo de oportunidades. En un día, en sólo un día, todo puede cambiar.

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