En el pasado, se decía que los Dioses reinaban en la tierra; algunos que se dedicaban únicamente al placer y satisfacción personal fueron aquellos que el destino les condenó con una horrible maldición... "Mil y una vidas tendrán, destinados al fracaso, no serán un solo trozo de humano: su castigó en esta vida será sufrir, encarnar el dolor de las miles de vidas que arrebataron... Y, entre lágrimas, estarán condenados a pedir clemencia al destino y no ser escuchados, Dioses, de La Guerra y la Muerte". Aquella sentencia sello el destino de los enamorados, que trajeron desgracias al mundo con el hecho de amarse, muchas veces el mismo destino les advirtió que la muerte y la guerra no deben juntarse, no obstante, ciegos ellos, condenaron a la humanidad; una condena era lo mínimo que merecían. ______ Las flores de loto son tan bellas, tan increíblemente frágiles, solo falta una pequeña agitación para que caigan en la profundidad de una laguna. Y tal vez, los humanos somos incluso más frágiles que una tierna flor, ya que, únicamente con ellas puede identificarse en el momento que el alcohol lo priva de toda dignidad. Es imposible para alguien como él ser más que un simple ente privado de su humanidad, es tan asquerosamente frágil de su parte despertar todos los días con las lágrimas cayendo sobre la mirada azulada: Nunca logrando recordar aquellos trágicos sueños, aunque de alguna manera memorando el dolor que venía acompañado de los ensueños en vidas pasadas. La promesas y sueños han marcado a Nakahara Chuya, despojándolo de todo honor. Hasta ser únicamente un hombre roto en diez mil pedazos.
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