Zandack.

Zandack.

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WpMetadataNoticeLast published Sun, Nov 22, 2015
-Prólogo- "Después de la coronación de mi padre, lo juro, amor mío, iré a yacer junto a ti de por vida". Elline Scat volvió a leer la carta, el papel pergamino lo enroló hasta de un tamaño lo suficientemente pequeño para enrollar lo en la pata del cuervo, el cual eficazmente salió volando. Las pequeñas plumas negras se desplegaban por el viento frío que salía de las montañas. En cuestión de segundos se alejo de la gran torre del palacio, y pasó sobre las casas de maderas, tintadas por el blanco escarcha de la nieve, altas murallas estaban al final de la ciudad, en la frontera, pero, incluso hay no acaba todo el "país". La gran isla de Zandack estaba rodeada por montañas, llanuras, bosques y en una de sus costas la ciudad, todo eso se mantenía con un constante frío, que hasta congelaba parte del mar cercano. Aún así, el nuevo rey era el caballero Edwards Scat, padre de tres hijos, y entre ellos la princesa Elliene.
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Abel, un apuesto y valiente príncipe, y Paula, la princesa más deseada del reino, vivían un amor tan intenso como prohibido. El rey, padre de Paula, se oponía con firmeza a su unión, cegado por el orgullo y las exigencias políticas del trono. Pero el deseo no conoce límites, y mucho menos el de dos cuerpos destinados a arder juntos. A escondidas del reino y entre los muros secretos del castillo, sus encuentros eran pura lujuria y devoción. Las noches eran largas, húmedas, llenas de gemidos ahogados por el miedo a ser descubiertos, y sus cuerpos se buscaban con hambre. Paula se entregaba a Abel sin reservas, y él la adoraba con cada caricia, cada embestida, como si el mundo fuera a terminar al amanecer. Amaban en silencio, en rincones oscuros, en camas ajenas, sobre mapas del reino y hasta en la sala del trono vacío. Su pasión era un grito contra el poder, una guerra ganada entre sábanas mojadas. Hasta que un día, Abel se plantó frente al rey y le juró que su amor por Paula no era un capricho, sino una verdad que ni la corona podría negar. El fuego de su pasión se convirtió en la fuerza que rompió las cadenas de la realeza. Se casaron, y su amor fue tan fértil como su deseo: tuvieron once hijos. Once pruebas vivas de que ni el poder ni la prohibición pueden detener lo que nace del corazón... y del fuego entre las piernas.

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