Él entró en la cafetería como si el mundo le perteneciera, y quizá, si lo hacía. Cabello oscuro, sonrisa arrogante, una presencia que paralizaba el aire. Nadie sabía quién era, pero algo en su mirada peligrosa me decía que no pertenecía a este mundo. Yo lo sospechaba. No era humano. Y sin embargo, no podía alejarme. Por qué ya era tarde, me estaba enamorando del chico malo...de otro planeta. Enamorarse de un extraterrestre no solo rompe las reglas... rompe mundos.
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