-No se como es tu vida, ni como te sientes día a día, pero si se como me siento yo, la incomodidad de verte rodeado de personas que jamás te comprenderán ni que tampoco te aceptarían si supieran como eres en realidad, que solo te ven através de un prisma que tu mismo has creado.
…También se como se siente las frías manos de la soledad cuando esta te aprisiona en su seno al volver a casa y que en ella no haya nadie para decirte “Bienvenido”… Hasta que tu has llegado a mi vida, volviendo todo un desastres, dejando tus huellas allá a donde mirase, viniendo a romper todo aquello que tan duramente había construido durante todo este tiempo.
…Si te vas de mi lado, volveré a sentirlo, por eso. Quédate aquí junto a mi, y no sueltes estas cadenas que me has puesto, jamás.
-Me gustas...- Se acercó lentamente -No sabes lo que dices- retrocedió -Por supuesto que lo sé, usted también me desea profesora- recortó una vez más la distancia.
-Al carajo- La profesora la besó. Aún cerca de sus labios susurro -Has influenciado a que llegue al pecado...-