A esos que perdieron las ganas de volar, les digo que no, que la vida no se mide ni en oro ni en tiempo; se mide en momentos y un posterior recuerdo, se mide en saludos vulgares y besos, en anhelos prohibidos y fuegos cansados, en lugares inhóspitos que no recorrimos, en el nudo de nervios que aquel día sufrimos, en aquel poema que nunca escribimos.
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