Mis piernas me quemaban y mis pies dolían. Había llegado a mi punto de agotamiento máximo. La daga de plata relucía en mi mano derecha. Estaba aterrorizada, sí. Nunca me había enfrentado a alguien cuyas habilidades estuvieran tan desarrolladas como las de él; alguien parecido a mí. El sudor bañaba mi frente, y a pesar del cansancio, mi cuerpo estaba listo para un último combate. Él apareció delante de mí. Sus ojos, donde prevalecía una mirada casi inhumana y hambrienta, se clavaron en los míos, que clamaban venganza. Él fue el responsable que mi vida haya sido un infierno este último año; y voy a ocuparme de que sus últimos minutos, sean un infierno en la tierra.All Rights Reserved
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