El espejo estalló contra la pared. Sus puños apretados. Uno de sus dedos sangraba, pero no le importó. El vidrio le había cortado parte de la mano, pero el ardor no se comparaba con el fuego en su pecho. -¿Quién demonios es ese? -gruñó entre dientes, con la mandíbula tensa. Los celos lo estaban consumiendo. Y esa fue la gota.
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